Un juego divertido

Un juego divertido

un juego divertido

 

Gerardo tiene muy corta edad para comprender lo que está sucediendo en casa, mira a su alrededor y observa que todos los objetos tienen un nombre, la nevera tiene un papel que dice “nevera”, la cocina igual, la lavadora y así se da cuenta que todo en casa tiene las mismas etiquetas con diferentes colores.

Se pregunta si se tratará de un juego, pero todos andan muy ocupados y no tiene a quién preguntarle así que decide investigar más sobre el juego para poder participar.

Gerardo es un niño muy solitario, hijo único de una pareja avanzada en edad. Después de muchos intentos por tener hijos, unos cuantos angelitos, finalmente llegó Gerardo, el bebé arcoíris, como a menudo lo llama su madre.

Creció en un hogar lleno de amor y con un poco de sobreprotección, quizá por lo que les costó traerlo a su vida, pero siempre se esforzaban por llenarlo de mimos y grandes enseñanzas.

Desde que Gerardo nació su madre se dedicó al hogar para para pasar más tiempo con su hijo; por su parte, el padre trabajaba mucho pero siempre tenía tiempo valioso para él. Fue creciendo en ese hogar lleno de cuidados y mucha educación. Eran solo ellos 3. Gerardo veía al resto de la familia un par de semanas en navidad y vacaciones escolares.

Hace unos meses la familia los frecuenta más seguido y eso es algo que tiene a Gerardo confundido. Junto con algunos tíos llegaron las etiquetas de color en los objetos de la casa y eso lo intriga mucho más.

Gerardo empezó a investigar en internet porque, aunque ni sus tíos ni sus padres le han comentado de qué trata el juego, ni cuáles son las reglas él está decidido, no solo a participar, sino a ganar.

Le aparece mucha información y no sabe por dónde empezar a leer, menos mal que todos están bien ocupados y no se han dado cuenta que él está encerrado en su cuarto haciendo la investigación.

Encuentra un artículo que habla sobre algo, una técnica que se utiliza para la memoria y él empieza a recordar que su padre hace unas semanas jugó a no reconocerlo, le pareció un juego muy gracioso. Gerardo tuvo que contarle varias anécdotas que solo ellos dos sabían en complicidad, para que su padre le dijera que ya lo recordaba, era su chiquillo inteligente Gerardo y él ganó el juego.

Esta vez debía tratarse de algo similar, solo que ahora estaban incluidos los tíos, seguro sería más difícil, ellos tienen más recuerdos con su papá. De cualquier forma, él está decidido a ganar.

Hay algo que nadie ha hecho en casa y está seguro que con eso ganará el juego. Se pone manos a la obra, agarra papeles de colores y lápices.

Empieza a escribir con su caligrafía un poco torpe: nariz, ojo, mano, pie, barriga, brazo, antebrazo, muslo, frente, pantorrilla, pecho, corazón.

Se coloca las etiquetas en la parte del cuerpo que representa y baja las escaleras corriendo a mostrarles a todos, corre con cuidado de no caerse y que no se le caigan las etiquetas. Todos están en la sala, tienen cara de preocupación, tratan de mejorar sus caras cuando ven a Gerardo llegar.

Él se para frente a su padre, éste ve todas las etiquetas y por alguna extraña razón lo abraza y empieza a llorar, su madre hace lo mismo. Quiere decir que gané el juego y ellos están felices, es lo que piensa Gerardo.

FIN

Blog de cuentos: SiTeLoCuento

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ana Lulú Colina

    Amé este cuento y a Gerardo.

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